El amor ya no es una cosa tan rara…

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El amor ya no es una cosa rara y tampoco un misterio como nos lo proclamaba la letra de la siguiente canción:

“Cuantas veces, se escribió sobre el amor,

mil poetas lo intentaron definir, y hasta hoy no

ha existido el inventor, que nos cuente los

misterios del amor… Ay el amor cosa tan rara…”

Lefty Pérez “El amor”

Hoy en día se sabe qué factores químicos intervienen en nuestro cerebro para producir esas maravillosas sensaciones de euforia cuando el amor es correspondido o de ansiedad, desesperación, melancolía e incluso ira cuando el amor es rechazado o ignorado.

Helen Fisher decidió estudiar el cerebro enamorado, para ello convocó a dos grupos de personas:

  1. Los que acababan de enamorarse perdidamente.
  2. Los que sufrían de amor no correspondido.

Demás está decir que la experiencia vivida es totalmente distinta en ambas situaciones.

El estudio básicamente consistía en escanear los cerebros enamorados mientras que cada sujeto de prueba era expuesto a una fotografía de la persona amada y una fotografía de una persona neutral. Esto con el fin de contrastar / identificar coincidencias de los impulsos cerebrales. Los resultados fueron sorprendentes: se encontró que en ambos grupos se activaban las mismas regiones, sin entrar en tecnicismos se trata del área ventral tegmental y del núcleo caudado, lo que implicaba la misma producción de sustancias químicas para todos los cerebros enamorados.

Locura de amor

 “Camino al revés

Y duermo sin paz

Te quiero una vez

Y mil veces más

Me muero de sed

Pudiéndome ahogar

Voy a enloquecer de tanto desear…”

Orlando Netti “Clásico es amarte”

La persona enamorada vive la realidad de una manera distorsionada, semejante a la  locura, sin importar si es correspondido o no, una de los primeros síntomas que experimenta es un cambio brusco en la conciencia: la persona amada cobra un significado especial, se convierte en algo nuevo, único e importante.

Niveles elevados de dopamina y norepinefrina en el cerebro producen una gran concentración de la atención, así como una motivación inquebrantable y una conducta orientada a un objetivo. Asimismo, están asociadas con el aprendizaje de estímulos novedosos. Cómo se traduce esto en el amor romántico: Los amantes se concentran intensamente en el amado excluyendo a menudo todo lo que les rodea, filtran las cualidades del ser amado y pasan por alto fácilmente sus características negativas. Esta entronización del ser amado incluso se proyecta a las experiencias y los objetos específicos, que se han compartido con ésta, tornándolas maravillosas.

En el Kamasutra, el manual amoroso de la india que data del siglo v, encontramos la palabra [lave], cuyo significado es amor, que deriva del verbo desear [lubh] en sanscrito. Quizás también esta sea la raíz de la palabra love. Y es que es difícil concebir el amor romántico sin el deseo de unirse sexualmente a la persona amada. El siguiente poema quechua, que data de épocas prehispánicas, propone un encuentro furtivo entre amantes:

“Caylla llapi Puflunqui

Chaupituta Samusac”
“Al cantito dormirás

Medianoche yo vendré”

El cerebro enamorado registra altos niveles de testosterona, la hormona de la pasión, presente en hombres y mujeres, y es la responsable del deseo sexual.

Por otro lado, se registra una baja producción de serotonina lo que provoca pensamientos obsesivos, es por ello que uno de los principales síntomas del amor romántico es la meditación obsesiva sobre la persona amada. Es lo que en psicología se denomina «pensamiento intrusivo». Sencillamente, no puedes quitartel@ de la cabeza.

“No hay un detalle que se me escape de tu cuerpo

Y cuando te pones a hablar

Mi mente esta imaginando el momento y el lugar

Perdona si te molesto… yo soy así

Siempre digo lo que siento

Pero presiento que esto va suceder

Y esta noche tu y yo

Vamos a llenarnos de placer y más…”

Nicky Jam “Travesuras

El amor como sistema de recompensas

Los sentimientos amorosos se elevan a lo más alto y caen en picado si el amado no cubre de atenciones a su amante. El amor rechazado sentirá ansiedad, desesperación, melancolía e incluso ira. Art Aron, otro estudioso del amor, propone que el amor romántico no es una emoción, sino un sistema de motivación diseñado para permitir a los pretendientes construir y mantener una relación íntima con una pareja determinada que prefiere sobre las demás. El fin: La procreación.

Es por ello que cuando se pierde el amor de la persona amada, el amante puede caer en el desconsuelo y la súplica, como es el caso de Salicio que implora ante su amada Galatea:

“Oh más dura que el mármol a mis quejas

Y al encendido fuego en que me quemo

Más helada que nieve, Galatea

Estoy muriendo y aun la vida temo

Témola con razón, pues tú me dejas.”

Garcilaso de la Vega “Égloga I. El lamento de Salicio: Los celos”

La rabia puede ser tanta que incluso pueda llegar a odiar a la persona amada:

“Quiero verla bailar entre los muertos,
la cintura morena que me volvió loco,
llevo un velo de sangre en la mirada,
y un deseo en el alma,
que jamás la encuentre.
Sólo quiero que una vez
algo la haga conmover.
Que no la encuentre jamás
o sé que la mataré”.

Loquillo y los trogloditas “La mataré

Biológicamente no estamos preparados para soportar tal desbalance químico, por lo que el amor romántico tiene un promedio de duración de dos a tres años. Sin embargo, el amor romántico está estrechamente ligado a otras dos ramas cerebrales (Deseo y cariño) que evolucionaron con el fin de dirigir el apareamiento y con ello preservar la especie. Estas se manifiestan de la siguiente manera:

Deseo, el ansia de satisfacción sexual, nació para motivar a nuestros antepasados a encontrar la unión sexual con casi cualquier pareja.

Amor romántico, la euforia y la obsesión de «estar enamorado» les permitía concentrar sus esfuerzos en el cortejo de un solo individuo cada vez, ahorrando así tiempo y energía de inestimable valor para el apareamiento.

Cariño o apego, sentimiento de calma, paz y seguridad que sentimos a menudo hacia una pareja duradera. Éste evolucionó para motivar a nuestros antepasados a amar a su pareja el tiempo suficiente para criar juntos a sus hijos en la etapa en que estos eran vulnerables.

Aunque a grandes rasgos solemos experimentarlas como una secuencia: deseo, amor romántico, cariño; éstas tres etapas se superponen y pueden convivir en nosotros una con otra, de esta manera podemos sentir deseo-amor romántico, amor romántico-cariño y demás combinaciones.

Para finalizar, podemos observar que los medios han puesto al amor romántico como el eje de nuestras vidas. Vivimos para el amor y trabajamos para el amor.

Con aprecio,

Julio César Torres Cavero
Especialista en Coaching
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